1er tiempo: Inicio
Echemos una mirada hacia el pasado, bien atrás, quizás unos 80 años atrás o más. Imaginen el ambiente en un pueblo del interior: los medios de locomoción eran escasos, por lo que no había ruido cotidiano de máquinas en las calles, la mayoría de tierra.
Tampoco había medios de comunicación. Pocas casas o comercios tenían un teléfono, para usarlo había que girar una manivela y atendía una telefonista que realizaba la conexión necesaria cuando había línea. Era un aparato que se usaba muy poco en la semana, a veces no más de 2 o 3 veces en el mes. No había necesidad de más, pues no había mucho que comunicar. La vida era tranquila no había radio, y las noticias llegaban por diario a veces semanal con varios días de atraso.
El hombre no tenía otro sonido que el del viento en los árboles, el cantar de los pájaros, el relincho de algún caballo y la actividad de otros hombres y la conversación tranquila de algún cercano.
Había mucho interior, un interior natural, en diálogo con un exterior también natural.
La mirada era franca, serena, luminosa, transparente. La mirada era así, porque era lo que veía. No había dobleces, no era necesaria, la vida era simple... Así se sucedían las relaciones, sencillamente; se pactaba de palabra siempre, era la palabra, y eso bastaba. A nadie se le ocurría que podía ser de otra manera.
El hombre tenía mucho interior, naturalmente, no porque lo cultivaba o lo protegía, sino porque así era su natural.
En ese interior, había espacio, espacio para el ser, para sí mismo, para los que amaba y para el que ES. Había lugar para el pensamiento propio, había lugar para ensimismarse, para el propio yo. Y el yo,… era.
Y las cosas de Dios, consciente o no, resonaban naturalmente en su ámbito. Era como un suave murmullo tan tenue como el viento. Y en la quietud de la naturaleza el yo podía escuchar, y consciente o no, escuchaba. Era su natural y no se daba cuenta.
Por eso sin saber de
Y eso fue así desde hace muchos milenios.
2do tiempo: Transición y actualidad
Después,… por primera vez desde muchos milenios, los tiempos y el exterior empezaron a cambiar.
Una nueva naturaleza empezó a surgir…. Artificial…. Lentamente, como la humedad en la pared, como los diminutos zarcillos de una sencilla enredadera.
Nunca se dio cuenta, simplemente sucedió.
Primero en el living, un aparato grande, que se prendía cada tanto, la voz del locutor llegaba a veces entre ruidos crepitantes:
La radio.
Luego empezó ha reducirse rápidamente y se mudó del living a la cocina del ama de casa. Ahí empezó a hablar casi todo el día. Lentamente por los oídos empezó a invadir los espacios interiores del hombre. … Se redujo un poco más y se metió en los coches que cada vez circulaban más en las calles.
Finalmente se redujo tanto que pudo entrar en los bolsillos, y la gente andaba por las calles escuchando su sonido sin parar. Dentro del bolsillo se cambió de formas y nombres, primero radio a transistores, luego walkman, actualmente… Ipod, Iphone.
Mientras tanto en el living surgía otra criatura, esta vez era un aparato plano que empezó a crecer de tamaño, generaba imágenes externas que entrando por los ojos empezaban a llenar de “externalidad” el interior del hombre haciéndolo externo.
Su espíritu empezó a ser succionado por los ojos hasta quedar vacío de todo sentido. Empezó a invadir el ámbito y la intimidad del hogar, y el espíritu del hogar… se esfumó. Y el Sentido de la vida, de los valores y de las cosas, que lo da el Espíritu,… dejó de ser. Y entonces el hombre empezó a vagar sin sentido por la vida, buscando llenar con cosas, infinitas cosas, para un vacío que se le hacía infinito,… sólo llenable por el que Es infinito.
Entonces muchos jóvenes abrumados, de las siguientes generaciones, empezaron a buscar como almas sin Alma. Buscaron mas cosas, primero el hedonismo de la vida fácil y cómoda, luego le sumaron el sexo, pasaron al alcohol, la droga, finalmente en algunos la muerte… era el ultimo escape.
Entonces los hombres vacíos empezaron a crear una cultura vacía, hedonista, pasajera. El mensaje de los aparatos empezó a ser cada vez más banal, procaz, insistente; la música cada vez más estridente, repetitiva, proclamaba los instintos extremándolos más allá de su natural.
Los hombres sagrados empezaron a desvanecerse, y comenzaron a surgir gurúes de fácil técnica, y espiritualidad envasada.
El ámbito sagrado de los templos, empezó a dejar de serlo, pasaron a ser lugares de encuentros comunitarios o comunes, su música comenzó a ser acompasada, rítmica, melódica, entonaba el corazón, agradaba el oído, pero el alma adormecida no lograba extender su mano al Altísimo para que la rescate y la reconforte. Finalmente como un reflejo del corazón del hombre los templos empezaron a quedar vacíos de vida comunitaria y algunos se empezaron a cerrar abriéndose sólo para la misa dominical.
Los jóvenes entran al seminario con una formación proveniente de una civilización envasada y un espíritu mecánico. Buenas ideas, buenas intenciones, pero los estudios religiosos y teológicos no bastan. ¿Acaso El Santo no se retiraba cotidianamente, de día y de noche, para estar en amoroso diálogo con su Padre?,… sabía lo que quería su Padre, sabía donde estaba y a donde iba, sabía para qué estaba. Cada momento estaba cargado de Sentido, y ese sentido era Sagrado.
¡Dios mío, Dios mío por qué nos has abandonado!
Los siglos del triunfo de la razón han deformado al hombre consolidando su mente como el único órgano para comprender y discernir la realidad. ¡Pobre! Qué pequeña es la realidad que distingue, y que chato es el mundo que despliega. Que aburrida es la vida saturada de sonidos y colores, todos ellos sin sentido. Sin el Sentido.
Qué lejos estamos del verdadero Ver. ¡Cuántas parábolas buen Jesús derramaste para darnos a entender que con la razón nada podíamos vislumbrar! Sólo el corazón puede percibir la variedad infinita de tu Creación, las dimensiones inconmensurables de tu misericordioso Amor.
Pero en este mundo, los ámbitos de interioridad se van vaciando y cerrando. Y aún más, la mente del hombre se adormece sin ideas, al ritmo sincopado de una música sin mensaje, de una pantalla que implacablemente lo satura sin parar. ¿Adónde está juventud amada tu energía? … Y tu destino?
¿Acaso esta civilización no perdió el rumbo? ¿No habremos entrado por la puerta equivocada? ¿No nos estaremos subiendo a una Babel que no conduce a nada?¿ No nos está pasando lo mismo, la gente se confunde cada vez más, cada vez tolera menos al otro, cada vez más prefiere vivir cómodamente aislada? ¿No es lo mismo que en
¡Pero buen Dios! ¿Qué crisis necesita el hombre para sacarlo de su atolondrada y cómoda situación? ¿Hasta dónde perseverará en su terquedad?
¿Podrá descender al interior del corazón? ¿Sabrá abandonar la soberbia de la razón, torpe herramienta ciega que no pasa ni deja entrar el Reino de los Cielos? Quien es ella para ponerle medida a la dimensión de Dios y su Creación. Quien es ella para interponerse entre el hombre y su trascendencia.
En el secreto del corazón: está el Padre, sólo el corazón tiene oídos para escuchar su dulce voz, no son los oídos de la razón, ¡lejos de ello! La razón sólo puede entender, el corazón en Dios: “sabe”.
Cada vez que pretendemos subir a Dios por la razón, fallamos. Como en
Como María, “que meditaba estas cosas en su corazón”.
Incapaz es la inteligencia privilegiada y genial de ir más allá de lo que conoce, porque está limitada al pequeño círculo de su lógica y conocimiento.
Una nueva Civilización del Amor sólo puede surgir del interior de un corazón enamorado donde surge una riqueza infinita e inagotable.
3er tiempo: El devenir
Para realizar una nueva civilización, hay que entrar por otra Puerta. Su centro generador surge de una nueva dinámica doble, la primera, por la puerta del corazón se entra en comunión amorosa con el que ES. Mientras la razón “trota” detrás discerniente y obediente en armonía con todo nuestro ser. El producto de esa comunión es un caldero de Vida, cuyo primer fruto es la paulatina transformación de todo el ser introduciéndolo en el Conocimiento de
Esto, es el amor a Dios por sobre todas las cosas.
La segunda, tan importante como la primera, es entrar desde el corazón en comunión con el hermano. De nuevo no entra aquí la razón (en un primer plano), no se trata de acercarme a él con razones, o gestos producto de la razón o de mi buena voluntad. Eso es “como címbalo que retiñe”. Es contemplarlo con los ojos de Dios,
En una comunidad cristiana el camino hacia una comunión plena consiste en compartir o transparentar la gracia de Dios recibida hacia el otro, y viceversa contemplar la obra de Dios en el otro.
No se trata de conversaciones ni conversar pareceres, sino de contemplar desde el Espíritu y con el Espíritu: el obrar del Espíritu en el otro. Especialísimamente durante la meditación de
Este es un proceso que no pasa por nuestra inteligencia y muchas veces ni es consciente para nosotros, pero con el tiempo queda tejido, un entramado de unidad que va más allá de nuestro carácter, de nuestras sicología y de nuestras ideas por más diferentes que sean.
Esto, es amar al prójimo como uno mismo.
Mi hija menor adolescente:
- Papa esto no lo van a ver,
- ¿Por qué lo dices?
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